Al arrancar este vibrante 2026, la cuenta regresiva ya marca poco más de dos años para las cruciales elecciones presidenciales de mayo 2028. Faltará poco más de un año para que en octubre de 2027 se definan los candidatos oficiales de los partidos que buscarán la presidencia en esos esperados comicios.
No obstante, a pesar de la aparente distancia entre el inicio del año y las fechas críticas de la contienda electoral, las audaces aspiraciones tempranas transforman este en un proceso político atípico y electrizante, donde el 2026 se perfila como el año decisivo que comenzará a dibujar el escenario presidencial de 2028.
Dentro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), la estrategia se mantiene firme: para mediados del año entrante, esperan tener identificada a la figura clave que, sin duda, se consolidará como su próximo candidato presidencial.
Abel, Domínguez Brito, Francisco Javier y Mariotti: los primeros en oficializar sus aspiraciones presidenciales.
La estrategia del partido opositor apunta a replicar un proceso similar al de 2022, cuando una “consulta” catapultó a Abel Martínez como su candidato presidencial para 2024. Esta audaz movida del PLD se planea incluso con la reciente sentencia del Tribunal Superior Electoral (TSE) que anuló el numeral 3 del acta número 3 de su Comité Político, el cual regulaba los “Acuerdos Discusión sobre el Mecanismo y la Fecha para seleccionar un aspirante a Precandidato o Precandidata Presidencial”.
Hasta el momento, el tablero del PLD muestra cuatro potentes aspirantes ya confirmados: Abel Martínez, Francisco Javier García –el influyente exministro de Turismo, quien lanzó sus aspiraciones con fuerza tras el proceso electoral de 2024–; Charlie Mariotti, el carismático exsenador por Monte Plata; y Francisco Domínguez Brito, el experimentado exprocurador de la República.
A esos cuatro nombres ya en la palestra, aunque aún sin confirmación oficial directa, se podría sumar un regreso que sacudirá el panorama: Gonzalo Castillo, el exministro de Obras Públicas. Parece que Castillo se ha reactivado discretamente en la arena política, después de mantener un bajo perfil desde su derrota en los comicios presidenciales de julio de 2020 frente a Abinader, donde obtuvo poco más del 30% de los votos; un periodo marcado, en parte, por el proceso judicial que enfrentó una vez asumieron las nuevas autoridades del Ministerio Público.
Aunque el excandidato presidencial mantiene el silencio sobre esta posibilidad, el diputado Gustavo Sánchez ha sido el vocero clave, primero confirmando la inminente participación de Castillo en el proceso interno de este año, y luego orquestando una actividad estratégica con diversos dirigentes del PLD que ya le han manifestado su apoyo al exministro de Obras Públicas.
Por otro lado, los oficialistas del Partido Revolucionario Moderno (PRM) también se enfrentan a un complejo dilema interno. Aunque los hasta ahora siete aspirantes a la candidatura presidencial del PRM han moderado su proselitismo, el 2026 se perfila como un año absolutamente crucial para definir el futuro de la contienda oficialista.
Los rostros clave: algunos de los aspirantes a la codiciada candidatura presidencial del PRM.
En reiteradas y enfáticas ocasiones, el presidente Luis Abinader ha sentenciado que este 2026 será el año definitivo: los aspirantes a la candidatura presidencial del PRM que ostenten un cargo dentro del tren gubernamental deberán tomar una drástica decisión, o bien aferrarse a sus puestos o lanzarse de lleno a la carrera por la nominación oficialista.
Esta contundente disposición gubernamental podría impactar directamente a figuras de peso como Welington Arnaud, el actual director del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa); Francisco Antonio (Tony) Peña Guaba, director del Gabinete de Políticas Sociales; David Collado, el popular Ministro de Turismo; y Eduardo (Yayo) Sanz Lovaton, el director de Aduanas.
Sin embargo, Carolina Mejía, la alcaldesa del Distrito Nacional, y Raquel Peña, la vicepresidenta de la República, gozan de una posición inamovible, ya que ambas ocupan cargos electivos. Este factor crucial podría ser determinante para el mandatario a la hora de calibrar el momento exacto en que sacará del Estado a los demás aspirantes presidenciales.
En el campamento de la Fuerza del Pueblo, si bien el panorama parece más definido, una electrizante incertidumbre se cierne sobre la posible candidatura del 2028: ¿asumirá el senador por el Distrito Nacional, Omar Fernández, el liderazgo, o cederá el paso a su padre, el expresidente Leonel Fernández?
Los Fernández: la dupla que domina la cima del partido opositor.
Tradicionalmente, la Fuerza del Pueblo había impulsado una única figura: la del expresidente de la República. Sin embargo, en los últimos meses, el impactante accionar del joven senador Omar Fernández en el Congreso Nacional y su liderazgo en contundentes críticas a la gestión de gobierno de Abinader, han provocado un giro estratégico, redireccionando gran parte de los reflectores de la oposición hacia su creciente figura.
La posibilidad de una candidatura de Omar Fernández ha cobrado fuerza, especialmente tras un revelador audiovisual lanzado el Día de los Padres. En este video viral, padre e hijo participaron en un dinámico reto de preguntas personales, usando un zapato formal para Leonel y uno deportivo para Omar, simbolizando quién se identificaba más con cada afirmación, lo que generó gran expectativa.
Pero el momento clímax llegó con la pregunta crucial: ¿quién sería el próximo Presidente de la República? Ambos levantaron simultáneamente los dos calzados, dejando en el aire una intrigante posibilidad que mantiene a todos especulando sobre sus verdaderas aspiraciones.
El joven legislador, no obstante, ha enfatizado en diversas ocasiones que “los valores familiares” prevalecen por encima de cualquier encuesta o tema político, y ha sido categórico al afirmar que no competirá contra su padre.
En el ámbito de los partidos emergentes, entidades como el Revolucionario Dominicano (PRD), el Reformista Social Cristiano (PRSC), Alianza País y otras fuerzas, iniciarán una profunda evaluación para decidir si lanzarán una propuesta presidencial propia o si forjarán alianzas estratégicas con los partidos mayoritarios.
Pronosticar que el año entrante será totalmente decisivo para una contienda electoral que oficialmente no iniciaría hasta la proclama de precampaña en junio de 2027, podría parecer precipitado; o, tal vez, es la clave de todo el juego político.























